¿Mi perro es sordo? Señales y pruebas caseras para saberlo

Daniel Moral .

4 de junio de 2026

Perro marrón y negro apoyado en la pierna de una persona. ¿Cómo saber si mi perro es sordo? Observa su reacción a los sonidos.

Entender como saber si mi perro es sordo ayuda a distinguir una simple distracción de una pérdida auditiva real y, sobre todo, a actuar a tiempo. Cuando la audición falla, cambian la respuesta al nombre, el sueño, la reacción a ruidos cotidianos y hasta la forma en que el perro se mueve por casa. Aquí explico qué señales observar, cómo comprobarlas sin asustarlo, cuándo pensar en un problema de oído y cómo se confirma de forma fiable en la clínica.

Las pistas que más me harían sospechar una pérdida auditiva

  • No responde a su nombre, a las órdenes o a ruidos que antes le activaban.
  • Se despierta menos con sonidos y parece más “desconectado” del entorno.
  • Solo reacciona cuando te ve o percibe vibración, no por el sonido en sí.
  • Si el problema afecta a un solo oído, puede parecer que oye “normal” en muchas situaciones.
  • Dolor, mal olor, secreción o inclinación de cabeza apuntan más a un problema de oído que a sordera aislada.
  • La confirmación más útil suele ser la prueba BAER, que evalúa cada oído por separado.

Las señales que yo vigilaría primero

La pérdida auditiva en perros rara vez se anuncia con una sola pista clara. Yo me fijaría sobre todo en patrones repetidos: que no gire la cabeza cuando lo llamas, que no se despierte con ruidos habituales o que parezca “ignorar” órdenes que antes entendía sin problema. Ese cambio de respuesta es más importante que un fallo aislado.

  • No se gira cuando lo llamas desde otra habitación o desde detrás.
  • No reacciona a sonidos que antes le despertaban interés, como llaves, juguetes chirriantes o palmadas.
  • Parece más fácil de sorprender al tocarlo, porque no te ha oído acercarte.
  • Obedece solo cuando ve el gesto, no cuando escucha la orden.
  • Puede ladrar más de lo habitual o modular distinto la voz porque ya no se oye igual a sí mismo.
  • En pérdidas graduales, parece “más despistado” o más desconectado del entorno.

Hay un detalle que suele confundir mucho: si la sordera afecta solo a un oído, el perro puede seguir respondiendo bastante bien en casa y, aun así, no oír bien por un lado. Por eso no me quedo con una sola escena; busco repetición y coherencia. Y cuando esa sospecha aparece, lo siguiente es comprobarlo en un entorno tranquilo y sin sustos innecesarios.

Cómo comprobarlo en casa sin confundirlo con despiste

Yo no haría pruebas bruscas ni gritaría cerca de su cabeza. Lo útil es observar si responde a sonidos suaves fuera de su campo visual, primero por un lado y luego por el otro. La idea no es asustarlo, sino ver si orienta orejas, cabeza o cuerpo de forma consistente.

Prueba casera Qué espero ver Qué me haría sospechar
Llámalo sin que te vea Gira la cabeza, mueve orejas o busca con la mirada No reacciona salvo que te vea o te huela
Haz un ruido suave a la derecha y luego a la izquierda Responde de forma parecida por ambos lados Solo responde por un lado o tarda mucho más por uno de ellos
Usa llaves, un juguete que chirríe o una palmada lejana Se activa, despierta o busca el sonido Sigue inmóvil o solo reacciona al movimiento, no al ruido

Yo suelo dar más valor a la repetición que a un único intento. Si un perro oye menos, esa falta de respuesta aparece varias veces, en distintos contextos y con estímulos parecidos. Y cuando solo parece reaccionar al lado “bueno”, la sospecha de sordera unilateral gana mucha fuerza. Ahora bien, antes de darlo por sordo, conviene mirar el oído en sí, porque a veces el problema está ahí y no en la audición como tal.

Cuando el problema no es la sordera, sino el oído que la está provocando

Muchas veces el perro no deja de oír porque sí, sino porque tiene una otitis, mucho cerumen o dolor al mover la cabeza. En esos casos no está “pasando” de ti: está evitando una molestia. Yo me fijaría especialmente en el estado físico del oído y en cambios de equilibrio, porque ahí suele estar la clave.

  • Se rasca una oreja o sacude la cabeza con frecuencia.
  • Hay mal olor, cera muy oscura, secreción o enrojecimiento.
  • Inclina la cabeza hacia un lado.
  • Camina raro, se tambalea o parece desorientado.
  • Le duele al tocarle la oreja o al abrir la boca.
  • Le cuesta volver a la normalidad después de una otitis que se repite.

Si aparecen esos signos, yo ya no hablaría solo de “ver si oye o no”. Pensaría en una infección del oído externo, medio o interno, y eso cambia por completo el enfoque. Las infecciones más profundas pueden afectar a la audición y también al equilibrio, así que el siguiente paso lógico es una exploración veterinaria bien hecha.

Cómo lo confirma el veterinario y por qué la prueba BAER importa tanto

La revisión empieza por una exploración del conducto auditivo y del tímpano. Según lo que encuentre el veterinario, puede pedir pruebas de imagen para buscar inflamación, cuerpos extraños, lesiones en el oído medio o interno, o incluso otras causas menos evidentes. Pero si lo que queremos saber es si el perro oye, la prueba más útil es la BAER, que evalúa la respuesta auditiva de cada oído por separado.

La BAER me parece importante por una razón muy simple: evita adivinar. Es una prueba objetiva que puede decir si el perro oye por uno o por ambos oídos, y suele completarse en unos 10 a 15 minutos. En cachorros no conviene hacerla demasiado pronto; antes de las 6 semanas, las vías auditivas todavía no están maduras y el resultado puede no ser fiable.

Hay un matiz técnico que merece la pena entender: la BAER confirma la audición, pero no siempre explica la causa exacta ni cuantifica con precisión cuánto oye el perro. Por eso, si hay sospecha de infección, trauma o alteración del oído medio o interno, la prueba suele ir acompañada de otras exploraciones. En perros jóvenes de razas predispuestas, además, esta prueba ayuda a detectar sordera congénita incluso cuando en casa parece que “oye bastante”.

Cuando ya tienes el diagnóstico, la conversación deja de ser “¿oye o no oye?” y pasa a “¿cómo vive mejor con esto?”. Ahí es donde cambian de verdad el manejo y la calidad de vida.

Qué hago yo cuando confirma que oye menos o no oye

Si la sordera es parcial, yo aprovecharía al máximo lo que todavía conserva. En muchos perros, el cambio más útil es pasar de la voz a la señal visual. Si la pérdida es total, la prioridad es la seguridad y la claridad en la comunicación diaria. El perro no necesita compasión; necesita un sistema que pueda entender.

  • Enseña gestos simples y siempre iguales para sentarse, venir o esperar.
  • Refuerza con premio cuando responda al gesto, para que aprenda rápido el nuevo canal.
  • No lo llames desde detrás ni lo despiertes tocándolo de golpe; acércate de frente o haz vibrar suavemente el suelo.
  • Usa arnés y correa en la calle o en zonas abiertas, porque un perro sordo no oye coches, bicicletas ni tu aviso.
  • Revisa cierres, vallas y puertas con más cuidado de lo habitual.
  • Si conserva algo de audición, un silbato muy agudo o una señal vibratoria pueden servir como apoyo, no como única herramienta.

Yo evitaría, sobre todo, castigarle por no obedecer. Un perro con pérdida auditiva no está desafiándote; está recibiendo peor la información. Cuando el entorno se adapta a su forma de percibir, suele bajar la ansiedad y mejora mucho la convivencia. Y eso me lleva a la última distinción que no conviene ignorar: si el cambio fue reciente, la edad no debería ser tu primera explicación.

Cuando el cambio es reciente, yo no culpo primero a la edad

Si la pérdida auditiva aparece de golpe, yo pensaría antes en una causa concreta que en el envejecimiento. Una otitis profunda, un traumatismo, un cuerpo extraño, ciertos fármacos o una alteración neurológica pueden cambiar la audición de forma brusca. En un perro mayor, la pérdida por edad existe, pero suele ser más lenta y progresiva.

La pista que más me orienta es la velocidad del cambio. Si antes respondía y de repente deja de hacerlo, no esperaría a ver si “se le pasa”. Si además hay dolor, secreción, fiebre, inclinación de cabeza o problemas de equilibrio, yo lo trataría como una revisión prioritaria. En esos casos, llegar pronto al veterinario marca una diferencia real.

Mi resumen práctico es este: observa el patrón, comprueba sin asustar, revisa si hay signos de oído enfermo y confirma con una prueba objetiva cuando haga falta. Cuanto antes encajes esas piezas, antes sabrás si se trata de sordera, de una otitis o de otra cosa que sí tiene tratamiento. Y en un perro, esa diferencia importa más de lo que parece.

Preguntas frecuentes

Observa si no responde a su nombre, a ruidos habituales o a órdenes verbales. También si se sobresalta fácilmente al tocarlo, ya que no te oyó acercarte. La falta de reacción a sonidos que antes le interesaban es una señal clave.
Llama a tu perro sin que te vea, haz ruidos suaves (llaves, palmadas) fuera de su campo visual. Observa si gira la cabeza, mueve las orejas o busca el sonido. Repite las pruebas por ambos lados para detectar sordera unilateral.
Si sospechas sordera, o si notas que se rasca mucho las orejas, sacude la cabeza, tiene mal olor, secreción, enrojecimiento o inclina la cabeza. Estos pueden ser signos de infección o dolor, no solo de pérdida auditiva.
La prueba BAER (Respuesta Auditiva Evocada del Tronco Encefálico) es un examen veterinario objetivo que confirma si tu perro oye y por cuál oído. Es crucial para un diagnóstico preciso de la sordera, especialmente en casos de sordera congénita o unilateral.
Enseña gestos visuales claros para órdenes básicas. Acércate siempre de frente para no asustarlo y usa un arnés y correa en exteriores para su seguridad. La paciencia y la adaptación son clave para mejorar su calidad de vida.
Calificar artículo

Promedio: 0.0 / 5 · 0 calificaciones

Etiquetas

como saber si mi perro es sordo cómo saber si mi perro está sordo mi perro no oye bien qué hago pruebas de sordera en perros caseras qué hacer si mi perro se queda sordo síntomas de sordera en perros
Autor Daniel Moral
Daniel Moral
Soy Daniel Moral y cuento con 13 años de experiencia en el ámbito del bienestar animal. Desde una edad temprana, me he sentido atraído por la salud y el cuidado de los animales, lo que me llevó a explorar a fondo estos temas. A lo largo de los años, he trabajado en diversas áreas relacionadas con el bienestar animal, incluyendo la salud, los viajes y los cuidados que requieren nuestras mascotas. Mi enfoque se basa en proporcionar información útil y precisa, siempre verificando fuentes y comparando datos para ofrecer un contenido claro y accesible. Disfruto simplificar temas complejos y seguir las tendencias actuales en el bienestar animal, con el objetivo de ayudar a mis lectores a entender mejor las necesidades de sus compañeros peludos. Estoy comprometido a compartir conocimiento actualizado y relevante que contribuya a mejorar la calidad de vida de los animales y a fomentar una convivencia armoniosa entre ellos y sus dueños.
Comentarios (0)
Añadir comentario